El error de confundir ser generoso con no saber rechazar

Descartar una propuesta o pedido puede resultar muy difícil para algunas personas. Sus causas pueden ser variadas y no necesariamente dependen de un factor puntual. Asimismo, es una respuesta o forma de transitar la vida que no se enseña académicamente. Es decir, es algo que se incorpora con el transcurso de los años. Ahora bien, en el mundo de los negocios, el no saber decir que no puede traer grandes dolores de cabeza.

Comprometerse sin contemplar verdaderamente cuáles son los riesgos, puede afectar de múltiples formas. Principalmente en cuestiones de tiempo, suele dejarte una menor cantidad de horas para dedicarte a aquello que quizás es más rentable. A su vez, la energía no es un aspecto menor. Dejar atrás otras tareas y dedicarle esfuerzo a un compromiso que no se ajusta correctamente a la agenda, es un gasto de energía notable. Finalmente, también puede ocurrir que adjudicarse una responsabilidad por fuera del horizonte laboral, corra el eje de los objetivos propuestos.

En este sentido, existen algunas recomendaciones que pueden funcionar como grandes herramientas para saber decir que no. Teniendo en cuenta que la persona que hace realiza una propuesta no siempre es la misma y sus actitudes pueden variar, tales técnicas permiten esquivar aquellas situaciones incómodas. Por otro lado, es importante siempre presentar una buena imagen, no solo por ética profesional, sino también para dejar abierta la relación y la oportunidad de un posible llamado en el futuro.

Cuáles son las causas más comunes de esta dificultad

Al recibir una invitación o solicitud, pasan muchos pensamientos por la mente. En varias ocasiones por cuestiones afectivas o simplemente por proyectar hacia el futuro, la respuesta se ve intervenida por sentimientos encontrados. A su vez, la personalidad de cada uno también interfiere. A veces la inseguridad puede generar la idea que la otra persona sienta que no se la está valorando o hasta quizás se le está faltando el respeto. Sin embargo, rechazar una propuesta o favor no debe entenderse bajo esos términos.

En este sentido, reconocer cuáles son las posibles causas de esta dificultad permite tenerlas presentes. Ser consciente de las mismas, es el primer paso para poder modificarlas. Dicho esto, la presión del grupo puede ser un condicionante, por ejemplo. Intentar encajar puede que sea el motivo por el cual se sigue una corriente que no trae beneficios a nivel personal. A su vez, el temor a represalias es otra posible causa. Frente al miedo de sufrir una consecuencia negativa se acepta dejando atrás la valoración propia.

El miedo a herir al otro suele ser muy frecuente también. Para resolverlo, las técnicas desarrolladas próximamente serán sumamente útiles. Por otro lado, es posible que situaciones previas negativas hayan dejado un temor latente a rechazar o no comprometerse. Finalmente, la baja autoestima es otro gran condicionante. Cuando una persona tiene poca confianza en sí mismo, siente que todo ofrecimiento o solicitud es un lujo, sin importar si verdaderamente le puede sacar un beneficio.

Técnicas convenientes para decir que no

Dependiendo de cuáles sean los intereses personales, existen diferentes formas de rechazar una propuesta. Manteniendo una postura ética y profesional, las siguientes técnicas pueden transformarse en grandes herramientas.

Sándwich

El particular nombre de esta técnica se basa en que comienza como termina: dejando una buena imagen. En primera instancia, lo fundamental ante una propuesta es agradecer por el interés de la otra persona hacia uno mismo. “Es un gran honor que hayas pensado en mí”, por ejemplo.

Como segundo paso será necesario la parte más fría de la respuesta, es decir, en donde se rechaza. Es importante argumentar la negativa para poder darle sostén a la postura. Por último, suele ser útil dejar la puerta abierta a futuros proyectos. Por ejemplo con la frase “pero espero que en un futuro logremos coincidir y se abra la posibilidad de trabajar de forma conjunta”.

Banco de niebla

Existen personas que no se toman de una manera muy amigable cuando se les rechaza. En este marco, puede ser útil anticiparse a tal reacción a través de esta técnica. La misma se basa en reducir el impacto negativo de la respuesta mediante la demostración en primera instancia de un gran interés. A modo de ejemplo, frente a una invitación se podría decir: “Me parece una idea fantástica, pero lamentablemente ya me comprometí”.

Proponer una alternativa

Puede ocurrir que aceptar de forma integral una propuesta dificulte la gestión del tiempo y la agenda. Sin embargo, quizás adaptar tal invitación a la situación personal sea un gran camino. En este sentido, es posible proponer otra solución o simplemente modificar en algunos aspectos las condiciones para evitar estrés y no comprometerse incómodamente.

A modo de síntesis, además de proponer una situación alternativa, es importante tener en cuenta que no siempre es necesario dar una respuesta al instante. Tomarse unos minutos, unas horas o cuanto tiempo sea necesario puede ser una herramienta sumamente útil